paisajes del alabastro

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paisajes del alabastro

paisajes del alabastro

Tenemos en Aragón como castigo, la piedra de yeso; comarcas extensas yacen sobre lechos de esa materia que priva a los habitantes de toda vegetación. Una de las fases en que se presenta la piedra citada, es la llamada alabastro, que en otros tiempos fue elemento preciado para la construcción de obras artísticas, tan artísticas como los retablos mayores del Pilar y La Seo.

No alcanzo la razón por qué ha dejado de usarse; teniendo en casa tan abundante producto, se trae de Italia el mármol blanco y la piedra de Alicante, que en algunos casos son preferibles, pero en la decoración y construcción de monumentos interiores, puede el alabastro competir con ambos.

Es de fácil pulimento, transparente, y se encuentra en varios tonos y colores, se labra seis veces antes que el mármol, se arranca con facilidad y puede aserrarse como la madera; el transporte es económico porque se halla en Escatrón, Sástago, Fuentes de Jiloca y otros.

En algunos pueblos de Italia, las familias dedicadas en verano a las faenas agrícolas, en el invierno, aprovechan el tiempo trabajando el alabastro. El padre, la madre, y su prole, recogen por los montes trozos del blanquísimo material que allí como aquí, las aguas de los barrancos hacen rodar, y los guardan en los corrales para los días tristes del frío. Con un torno construido por sistema primitivo y herramientas por el estilo, se apiñan en derredor del hogar y producen la industria de los alabastros italianos, que invade el mundo y que todos conocemos y admiramos.

Los comerciantes de Génova y Pisa, procuran dibujos a los artistas rurales y en la primavera, recorren los pueblos recolectando el producto de aquella labor que viene a ser para los campesinos la segunda cosecha.

Aquí tenemos verdaderas canteras, de donde pueden extraerse bloques de grandes dimensiones y por todas partes los bolos rodados que antes he citado, y que los cazadores encuentran a cada paso por los montes.

Hoy, que el gusto artístico va invadiendo aunque lentamente las construcciones, al admirar los portales de algunas casas luciendo ricos mármoles y maderas costosas, pienso lo que con el alabastro pudiera hacerse.

Igual pensamiento me sugiere el contemplar en nuestras iglesias los innumerables altares faltos de gusto y de grandiosidad, sobrados de colores y dorados.

Yo pienso que en Zaragoza puede revivir y ser fuente de riqueza, la industria de los alabastros.

Vean los carpinteros, canteros, marmolistas y tallistas, si les conviene hacer un ensayo; en todos los oficios el trabajo hoy está en crisis y la competencia del hambre obliga a otras competencias lamentables, es preciso intentar algo que pueda ser motivo de exportación, y mi idea tiene como aliciente el contar el país con la primera materia.

Por otra parte, las máquinas, sierras y tornos, harían gran papel al servicio del alabastro.

Pero en esto como en todo, se recomienda dibujo adecuado a la clase de material a que ha de aplicarse; no es lo mismo trazar un proyecto para un altar de madera que para uno de alabastro, no sólo por la constitución de la materia, sino que también por la economía de la ejecución. Sin embargo, este asunto ya podría vencerse fácilmente encargando a personas peritas la misión de proyectar.

Aquí hago punto; si alguien se propone acoger el pensamiento y necesita mi desinteresado consejo, estoy pronto y gustoso a darlo en la medida de mis fuerzas.

Dionisio Lasuén (escultor), Heraldo de Aragón, 7 de octubre de 1906